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Aclarando Barbate en la memoria Altazor |
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(I)
Cuando era chico, yo vivía en un pueblo donde había pinos, sol y playa, como rezaba en el indicador del Motosur, invitando al turista a gozar ese remanso de tranquilidad. A la Avenida del Generalísimo, no sé por qué, la llamábamos Carretera del Puerto (así tendría que llamarse). En dirección a éste, a la izquierda, frente al Colegio Baessipo (a éste sí le cambiaron el nombre), se extendía el Zapal -me viene a la memoria el primer "Bar La Pava " con su sillón de barbero y la luz amarilla y machacona de dos bombillas peladas de 125v manchando el mostrador y las caras de los que en él se apoyaban- un dédalo de calles de tierra estrechas y sucias donde malvivían centenares de criaturas: sin agua, sin alcantarillado ni servicios sanitarios de ninguna clase, con la luz justita de un quinqué o una bombilla famélica en el mejor de los casos. El campo , la playa y cómo no, el río, constituían nuestras fronteras franqueables, con el único límite del "no te vaya mu lejo y no venga mu tarde" que enfatizaban con un gesto nuestras madres; o con un chillío, si la ocasión lo merecía. A coger gusanas, las de canutillo las más difíciles, a la Huerta Primera a por naranjas – mucho antes de que se ahogaran en gasolina-, a la venta Arturo una tapita los domingos, a la basurilla a cogé puros d´anea, a mariscá a la Yerbabuena , a la Cueva el Cristo, a la Oliva , a hacer columpios a la Tarayuela con Juanito el Turututú y su honda certera, a la Fuente el Viejo donde el agua brota de una piedra y las culebrinas se enroscan inquietas, a cruzá la barra, mejó er que llegue ante a aquella banda, a los Seis Grifos a quitarse el barro pa que no se note que vienes del río, andando a Zahara pasando el río en barca: a Manolo, el botero, la voluntad le basta; pero diez reales mejor que dos pesetas. Y esas horas largas de la infancia en que siempre no hay clase y es verano por la tarde. |
(II)
En las tardes anchas de levante, sin el recurso de la playa, el tiempo se dilataba. Sentados a la sombra de las casas nos alquilábamos tebeos a dos a reales, “-por una peseta te lo dejo leer en tu casa”: el Tiovivo, el Pulgarcito, el Din Dan, el Capitán Trueno (haz que gane el bueno, que el mundo está al revés), el Jabato, sargento Gorila, y los superhéroes: el Hombre de Hierro, Supermán, Spiderman, Namor el príncipe submarino con sus orejas puntiagudas y sus pequeñas aletas en los tobillos, los 4 fantásticos, el Capitán América…. Este último, no hace una semana, se dejó matar en un tebeo por no estar de acuerdo con la política exterior de su país en los días que corren. Con los cuartos ganados a la lectura sobre el frescor firme del cantillo de la casapuerta nos compraríamos una vuelta en un coche de caballos que, según la cantidad cobrada, te daba la vuelta al parque o bien se aventuraba, por la actual Avda. de Andalucía (entonces de la Victoria –¿sobre quién?¿sobre nosotros mismos?), hasta el confín de la calle Madrid o la Barriada de la Paz. El punto de partida habitual era la Plaza de la Inmaculada , El Parque pa los amigos: de arriates jóvenes y suelo de zahorra, donde no había Fuente de los Barquitos, ni marinero, ni ancla. La construcción de la fuente del parque dio lugar a algunas letras de chirigotas en una época donde estaban prohibido los carnavales, igual que le sucedió al “hombre que está sentado juntito al ancla”..............
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www.tobarbate.com, 2007
Museo de Barbate
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La banda de Música |