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PABLO MALIA Y LA FUNDACION DE BARBATE (II) Por Antonio Aragón |
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| Viaje al poniente Malta es un archipiélago situado en el centro mismo del Mediterráneo, formado por cinco islas, tres de ellas habitadas: la que da nombre al archipiélago, que es también la más densamente poblada, Gozo y Comino.
Uno de los destinos favoritos de los emigrados malteses fue Cádiz, otra isla (que no sólo recuerda a La Habana, también a La Valletta), por ser su puerto un hervidero de negocios mercantiles en pleno siglo XVIII, merced a su vinculación directa con el comercio americano. De hecho, uno de cada siete gaditanos no era natural de la tacita, llegando ésta a poseer la mayor concentración de extranjeros de toda Europa. En Cádiz, los malteses constituían, de acuerdo con un censo de extranjeros de 1791, una comunidad de doscientos diecisiete miembros, establecidos en el barrio de Santa María y en el de Capuchinos. Casi todos se dedicaban al comercio, especialmente a la venta de ropa. Desde allí se extenderán hacia otros lugares, como el Puerto de Santa de María, Conil o Vejer. Que Barbate acabe vinculándose a uno de ellos no es por tanto ninguna extrañeza. Lo que nos dicen los documentos sobre el Maltés Que la existencia de Pablo Malia no era producto de la imaginación y que vino de Malta, junto a otros puntos contenidos en la tradición, puede comprobarse perfectamente en los legajos existentes en el Archivo Diocesano de Cádiz, en el Archivo Provincial e incluso en el Archivo de Simancas, O sea, en contra de lo sostenido por aquellos historiadores a los que aludíamos al principio, no sólo es perfectamente demostrable su existencia, sino que además lo es más que la de cualquier mortal de su época. Y ello por dos causas: su condición de extranjero, que lo obligó a trámites burocráticos extraordinarios, y su particular manía por reflejar en papeles todos sus negocios.
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Al maltés debía de irle la cosa bien, pues en 1778 compra un falucho que se hallaba surto en río Barbate a un tal Juan Montaner, natural de Sitges: "Vendo y doy a venta por juro de heredad desde hoy en adelante para siempre jamás a favor de Pablo Malia vecino de esta memorada villa de Vejer, el memorado falucho nombrado San Juan, porte de 60 quintales que está anclado en este río de Barbate, con su arboladura, velamen, jarcias, cabos, remos, anclas y demás pertrechos que tiene y lo constituyen en estado de hábil navegación". Nótese la forma de nombrar a Barbate, como sitio, y no aldea, y lo peculiar de la venta, un vecino de Conil que es propietario sin escritura notarial alguna, lo que demuestra que la gente de Conil tenía estrechas relaciones con la zona, indudablemente derivadas de la pesca, y que en aquellas fechas era difícil contar con propiedades escrituradas en relación a los terrenos concejiles de Vejer en la desembocadura del Barbate. La compra del falucho y del cuarto en Barbate fueron el segundo gran acierto del Maltés después del braguetazo con la Barrera. De golpe, le llega una suerte con la que no había ni soñado, gracias a la cual se permite adquirir diversas propiedades. Así, en 1790, compra un huerto en La Barca de Vejer; por estas mismas fechas y según su testimonio, debió adquirir las casas que poseía a su muerte en la calle Juan de Sevilla en Vejer, otras en Cantarería y otras en La Mimbre, además de una viña en el pago de La Oscuridad. La guinda la puso en 1792, comprando una casa-horno en el barrio de San Miguel de Vejer, por encima de la calle Cantarería Vieja. Ésta será la verdadera casa familiar de los Malia, según la referencia del propio Pablo, quien dice "casas de su morada en San Miguel", que edificará sobre unas ruinas, y que no será precisamente pequeña, a juzgar por las siete partes que de ella hicieron luego sus herederos para venderla. También debió por aquel entonces de adquirir en Barbate una tienda para despachar vinos, "una bodega con cuatro botas", situada quizás junto a la habitación que se construyese antes, si es que es la misma que luego poseerá un tal Agustín Muñoz Molina, en la que más tarde se conocerá por calle Real, y que entonces era un camino real procedente de Vejer que fenecía en el río. Lo que no dicen los documentos: ¿Cómo era Pablo Malia? Definir el aspecto físico y el perfil psicológico de Pablo Malia sin contar con apoyo documental es tarea prácticamente imposible. No obstante, creemos entrever ciertos caracteres particulares a la luz de los pocos datos disponibles. En cuanto a lo primero, la tradición es parca al respecto, pues como todas las tradiciones orales prescinde de elementos superfluos que verdaderamente no inciden en el fondo de la historia
La importancia concedida a la apariencia física en nuestros días es mucho mayor que la de aquella época (entonces no existía ninguna posibilidad de reponer un diente perdido, por poner un ejemplo) y quizá unos rasgos que hoy se acentúan tengan que ver más con prejuicios nuevos que con realidad histórica alguna. Así, quiere una parte de los transmisores ver a Pablo como alto y rubio, y de ojos azules. Pero esto quizás no sea más que una idealización, un arquetipo de héroe añadido a posteriori, tal vez alentado por la aparición de algún Malia con parecidos rasgos. Ojos azules los ha habido entre los Malias y los hay con profusión, pero también castaños y negros.En apoyo de unos caracteres nórdicos para Pablo, están los que piensan que dichos caracteres habrían distorsionado la tradición, haciendo atribuir a muchos de sus transmisores un origen inglés al Maltés, origen imposible, pues Malta no fue inglesa hasta el año 1800, cuando ya Pablo llevaba casi cincuenta años fuera. Es posible que los herederos de Pablo, entre los que figuraban muchos de rasgos nórdicos, pudieran por su aspecto haber hecho sospechar que Pablo tenía sangre no mediterránea. |
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![]() Vista aérea del Puerto de La Valetta (Malta) Foto Press |
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La cosa iba por tanto viento en popa, pero entonces enfermó Juana Barrera: corría el año de 1794. De aquella fecha es al menos el primer testamento de los tres que hizo la mujer de Pablo. Hasta 1805 no fallecerá, pero aquellos dos lustros y pico de larga enfermedad debieron ser bastante desdichados en la vida del matrimonio. Para colmo de males, la familia recibe la noticia de que el hijo Manuel, el más pequeño, muere allende los mares: "Manuel (...) de estado soltero, que de exercicio calafate pasó a los reynos de Indias, donde se dice ha fallecido". Si la tradición no nos engaña, Manuel murió víctima de un caimán que le arrancó una pierna. En cualquier caso, otro hecho de fondo constatado por la letra impresa. Después de la muerte de Juana Barrera, en 1805, Pablo sufre otra pérdida, la de su hija Rosa María, que tuviera de su primera mujer, y única descendencia que le quedaba de aquel matrimonio: "cuando falleció estaba casada con Andrés Pantoja y dejó por su hija legítima a Pabla Pantoja". Al año de fallecer Francisca Paula, en 1763, Pablo se vuelve a casar. Su nueva esposa es la que recuerda la tradición como tía Juana Barrera , y su nombre completo es Juana Barrera Espino, viuda de un tal Antonio José Romero, quien había fallecido en La Habana, siendo artillero de mar, a resultas del ataque inglés contra El Morro en 1762, en el cual destacó especialmente este cuerpo de la armada. Que se sepa, Juana no había tenido ningún hijo con su difunto marido. Además, la dote que aporta al matrimonio, 3.418 reales en bienes y prendas, y un arte de jábega de su padre valorado en 2.475 reales, suponen algo más que un respiro para el Maltés. Fue lo que hoy llamaríamos un braguetazo, pues la suerte de Pablo cambió.
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Más interesante que el aspecto físico de Pablo Malia es su perfil sicológico. La tradición hace hincapié en que había salido de Malta porque su padre favorecía a un hermano suyo. Aquí aparece el asunto de los celos fraternales, que por extensión lo son de todo tipo en los Malias, según los más antiguos. Corroborar este dato, como puede suponerse, es de todo punto imposible, pero el hecho de que abandonase el hogar con 15 años demuestra, cuando menos, un gran carácter. No se trata simplemente de prescindir de la protección filial -en realidad no sabemos con certeza si los padres aún seguían vivos- lo que en realidad pesaba era el hecho de que, en aquella época, dejar el lugar en que se vivía para realizar un viaje de cientos de kilómetros era tanto como exponerse a no volver nunca. La decisión debió por tanto ser drástica para un muchacho de 15 años, y tuvo que obedecer a una causa en consonancia con ella. Casi todos hemos soñado con escapar de casa en ese intervalo de edad tan difícil que va de los 13 a los 18 años, pero tal resolución la afrontan muy pocos: la incertidumbre del futuro suele ser más poderosa que la certeza del presente.
Esto muy bien puede trasladarse al Maltés. Ciñiéndonos a los datos, que juzgamos precisamente por esto creíbles, sobre los nombres de los padres de Pablo, nos encontramos con que éste, en su primer matrimonio con Paula Ferrer, bautiza con el nombre de su propia madre, Rosa, a su primera hija; y a su segundo hijo, Miguel, le pone el nombre del abuelo. En consecuencia, Pablo no se ha olvidado de sus padres, no parece haber proyectado su rencor -si es que existió- sobre su familia. Y esto no hubiese sido ninguna extrañeza, a tenor de lo que pasó luego.
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www.tobarbate.com, 2007
Museo de Barbate
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La banda de Música |