La Batalla de Trafalgar

LA BATALLA DE TRAFALGAR
Los antecedentes
“Para invadir a Inglaterra Napoleón necesitaba de
la flota española”
A principios de 1805 se consolidaba en Europa la Tercera Coalición contra
la Francia de Napoleón Bonaparte: Inglaterra, Austria y Rusia estaban decididas
a desvanecer para siempre la estrella del petit general, en tanto que
éste creía poder derrotar a los ya tradicionales enemigos de la Francia
revolucionaria, especialmente a Inglaterra, secularmente opuesta a cualquier
estado fuerte en Europa.
Napoleón había decidido acabar primero con los ingleses y luego dirigirse
al este. Para tal fin, ideó un ambicioso plan de desembarco en las costas
británicas, concentrando junto al Canal de la Mancha a sus mejores divisiones,
con más de 150.000 hombres. Su idea consistía en alejar a los buques
ingleses de sus propias costas, dejando creer a través de agentes secretos que
el desembarco era un invento para distraer la atención sobre otra empresa más
urgente. El plan se enfrentaba por tanto, en principio, a dos obstáculos casi
imposibles de salvar: que los ingleses picaran el anzuelo, y que la armada
franco-española hiciese un buen trabajo atrayendo a la inglesa.
Después de una navegación errática, el 19 de agosto de 1805, Villeneuve,
almirante de una flota franco-española, se hallaba con el grueso de su escuadra
anclada en el puerto de Cádiz.
Con desaconsejable temeridad y sin los preparativos adecuados, Villeneuve se
propuso ir al encuentro de la flota inglesa que, cansada de buscarlo por todo el
Atlántico, ahora se hallaba bloqueando el Estrecho de Gibraltar. Contaba el
francés con 33 barcos de línea, de los que 15 eran españoles. Y si mala era la
escuadra francesa, no le iba a la zaga la española tal como relata Pérez Galdós
en el primero de sus Episodios Nacionales “...escasez de municiones por
imprevisión del mal gobierno que entonces había en España; marinería compuesta
de matriculados en su mayor parte, sin haber navegado en barcos de cruz, y
gentes para los combates recogidas en las levas, sin haber frecuentado el mar, y
desconcertada en la hora del peligro por el mareo: tal espectáculo presentaba la
bahía de Cádiz en octubre de 1805...”.

Los jefes españoles, conocedores de estas limitaciones y de las de sus aliados
franceses, no compartían las ganas de Villeneuve de jugarse todo a una carta
contra la flota inglesa; además, los barómetros anunciaban una tormenta. No
obstante, el 19 de octubre de 1805 los barcos franceses y españoles levaron
anclas siguiendo las órdenes de Godoy.

La Batalla (II parte)